La terapia genera un profundo cambio de identidad. Lo que nos bloquea o enferma es un tipo de vida o de conciencia. Sanar implica eliminar no sólo los síntomas sino las condiciones vitales que provocan el desequilibrio, y esto produce miedo. Aparentemente, el paciente quiere sanar pero, a un nivel profundo, la mayoría de las personas no están  dispuestas  a realizar los cambios estructurales en su vida; se acercan a terapia como quien va a un curandero y nos piden que “le quitemos el síntoma”, pero las terapias alternativas no son eso, no somos curanderos porque facilitamos la sanación a través de la consciencia y de la responsabilidad activa sobre su vida. Sanarse implicar ser honesto con uno mismo, recordar quienes somos y cuál es nuestro destino. Sanarse exige cambios en la vida cotidiana; esto es la terapia, cambios en la vida cotidiana, sino es una evasión más.

Es conveniente, antes de comenzar la terapia, hablar con el paciente sobre la responsabilidad, el cambio y las resistencias que aparecerán en terapia para evitar los miedos, las incomprensiones y los abandonos a mitad de la terapia.

El tiempo del tratamiento es subjetivo: depende de cada persona y de la gravedad de la situación. La duración estándar del tratamiento es de 12 sesiones de 2 horas cada sesión con una frecuencia aproximada de una por semana. .

En la primera terapia realizamos una entrevista psicológica con el paciente y practicamos  un test proyectivo que nos permitirá detectar las raíces profundas del bloqueo.

El resto se reparten en tres bloques de 3 a 6 sesiones:

1º: nos centramos en sanar el niño interior y  la conciencia de víctima recreando la infancia: nos descondicionamos del miedo y del pasado al entender cuál el aprendizaje que implica cualquier trauma;

2º: nos centramos en sanar la culpa, la conciencia de victimario, a través de los escenarios de otras vidas: nos perdonamos y  abrimos la puerta a una nueva vida, no desde la culpa, sino desde el amor y la plenitud.

Y 3º: nos centramos en co-crear la realidad que deseamos: descubrimos con la vivencia de la sincronía y de los cambios radicales en nuestra vida que nuestra mente crea la realidad.

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