Explicación psicológica de la terapia regresiva.

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1.- ¿Por qué sanando la infancia, el pasado, sanamos el presente? Porque sanamos el karma y los arquetipos esenciales de la vida.
2.- ¿Cuáles son los arquetipos básicos como individuos que definen nuestra salud, nuestra capacidad de amarnos?
3.-¿Quiénes somos? La integración de una dualidad (de un desequilibrio) hacia algo nuevo ( hacia un nuevo equilibrio).
4.-¿Por qué acudimos a terapia? Para amarnos.

CAMINO

1.- ¿Por qué sanando el pasado, sanamos el presente? 2.- ¿Cuáles son los arquetipos básicos como individuos que definen nuestra salud? 3.-Quiénes somos?
1.- ¿Por qué sanando la infancia, el pasado, sanamos el presente?
Porque sanamos el karma y los arquetipos esenciales de la vida.
En la gestación y hasta los 7 años, establecemos la estructura inconsciente de la personalidad, y el resto de la vida será una repetición de la niñez si no maduramos, porque despertar consiste en descondicionarnos de las inercias del pasado para poder vivir una nueva vida.
El karma que hemos generando en otras vidas lo revivimos en la gestación y en la infancia, porque el ambiente familiar en el que nacemos refleja nuestras vidas anteriores y, a través de la situación de indefensión y del profundo vínculo que establecemos en la gestación con la madre y con el ambiente, la energía nos devuelve el karma.
La carencia de identidad de una persona hasta los dos años nos obliga a interiorizar la realidad porque la asumiremos como propia en nuestra vida futura.

noria

2.- ¿Cuales son los arquetipos básicos como individuos que definen nuestra salud?
La supervivencia física, la sexualidad, la voluntad de poder, el amor y la conciencia espiritual.
Si falta uno de estos pilares, la vida la sentimos incompleta y enfermamos. Estos arquetipos se fijan en la infancia. Veamos ahora el proceso:
La supervivencia económica de adultos (1º chakra) estará condicionada por la forma en la que nuestra madre nos nutrió y nos protegió, y determinará cómo nos relacionarnos con el dinero, con el cuerpo y con el mundo material.
La madre es la persona encargada de protegernos, pero si carecemos de esta referencia y vivimos una infancia desvalida, desarrollaremos enfermedades carenciales, problemas óseos, patologías relacionadas con el estrés y dificultades en el mundo material (“Mater”, madre en latín, y materia comparten la misma etimología latina).
Si cuando nacemos percibimos un mundo amenazante, nos quedaremos fijados en el 1º chakra y filtraremos la realidad desde el miedo y el binomio atacar/huir.
Si vivimos una sociedad donde la mayoría de las personas padecen problemas económicos o se sienten vacías con lo que consiguen, tal vez, la relación maternal no fue tan idílica como la recordamos porque una persona que no es feliz, no puede dar algo que desconoce.
La sexualidad de adultos, nuestra creatividad y emocionalidad (2º chakra) estará condicionada por el ambiente sexual que nos rodeó en la infancia, porque el deseo insatisfecho de los padres provoca un “complejo de Edipo”. Una psicopatología que se manifestará en nosotros a través de dependencias con personas que sólo nos desean sexualmente y de las que demandamos preferencia, porque un niño no busca sexo, sino cariño, atención y seguridad.

Hay que matizar algo importante sobre los abusos sexuales. Un niño es egocéntrico hasta los siete años, es decir, cree que todo lo que ocurre está relacionado con él, y esta visión inconsciente de la vida confunde el deseo insatisfecho de nuestros padres por otra persona, por un deseo incestuoso que nos traumatiza.

Las enfermedades psicosomáticas como la depresión, la emocionalidad excesiva, el consumismo vacío, las dependencias, el cáncer de ovarios, la obsesión/represión sexual, la carencia de voluntad y la incapacidad de pensar con lógica, son muchas veces producto de ambientes aburridos, poco espontáneos o sin creatividad o alegría. Si en la infancia no jugaban contigo es difícil que de adulto encuentres gente con la que compartas lo cotidiano desde la pasión.

El ego de adultos, es decir, saber quiénes somos, encontrar nuestro lugar en el mundo y tener poder en nuestra vida, (3º chakra) estará condicionado por la forma en la que nos recibieron al nacer y por cómo nos integraron en el grupo.

Un “no reconocimiento” porque no teníamos el sexo que querían o porque éramos hijos no deseados, nos forzará a crear una falsa personalidad compensatoria para conseguir que nos acepten. Sin embargo, éste mecanismo nos desvirtuará de nuestro destino real. Las enfermedades mentales, el vacío existencial y el cáncer denotan un desequilibrio en este chakra.

El amor incondicional, aceptarse desde la plenitud y sentirse autorrealizado, (4º chakra) estará condicionado a la eliminación del karma, porque no podemos elegir libremente ni la vida que deseamos ni a quién amar si nos sentimos culpables o tenemos deudas.

La culpa es un mecanismo de bloqueo que utiliza la Energía para evitar que nuestros actos generen karma, y cuando esta posibilidad se minimiza, la culpa desaparece y nos sentimos merecedores de una vida positiva sin dolor donde todo es posibilidad y cambio.
Nacemos con el chakra corazón abierto y, por ello, imantamos amor hacia nosotros, pero el karma que hemos generado en otras vidas se nos devuelve en forma de traumas que vivenciamos en la infancia. Ello nos hace perder este estado de equilibrio, involucionándonos a vivir desde los chakras inferiores, porque para poder amar es imprescindible:
· dominar la materia para dejar de sobrevivir y comenzar a vivir una realidad donde el trabajo y el dinero dejan de ser prioridades (1º chakra );
· controlar el deseo y la dependencia emocional, porque te sientes un ser completo (2º chakra );
· y saber quién eres para no proyectarle tu sombra a los demás y reconocerles tal como son (3º chakra ).

· Cuando vibramos desde el chakra corazón confíamos en la vida, nos regimos por la intuición, y el miedo deja de tener sentido porque experimentamos que todo lo que ocurre es necesario para evolucionar.

Las enfermedades coronarias denotan un bloqueo en este chakra.

La conciencia espiritual (chakras superiores) estará condicionada por la relación con el padre y determinará nuestra filosofía de vida y nuestra ética. Las personas criadas en ambientes donde la figura paterna es autoritaria o no es sincera, acaban delegando su poder en otros o permitiendo que les manipulen.
La espiritualidad es una faceta imprescindible para encontrar sentido vital. El contacto con lo trascendente nos sirve para vivir sin miedo, nos convierte en seres conscientes cuyos actos minimizan el karma y nos ayudan a confiar en la vida desde la alegría y el humor, porque quien conoce otras dimensiones no dramatiza.

Las enfermedades mentales denotan un desequilibrio en estos chakras.

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3.- ¿Quiénes somos?
La integración de una dualidad (de un desequilibrio) hacia a un nuevo equilibrio.
Hay una pregunta que inevitablemente aparece siempre al final de la terapia: ¿quién soy realmente? ¿Cuál es mi destino? ¿Qué sentido tiene mi vida? Son preguntas inherentes al ser humano desde su creación.

El homo sapiens fue diseñado para experimentar el amor incondicional (plenitud, autorrealización, etc.) y la conciencia multidimensional (es decir, saber que formamos parte de un universo transcendente y que no somos producto del azar, sino que tenemos un propósito evolutivo).

Este estado de conciencia define nuestra salud o enfermedad. No es causal que, actualmente, en occidente, las enfermedades coronarias y mentales supongan un 60% de las causas de mortandad; simbólicamente, significa que enfermamos porque no sabemos amar y no entendemos este mundo en transición. Saber amar y conocer una espiritualidad auténtica implica carecer de miedo, dominar las emociones y auto-conocernos para que nuestros actos no generan karma o dolor.

Este aprendizaje nos lleva miles de años y lo conseguimos reencarnándonos sucesivas vidas e interpretando distintos personajes de la misma trama kármica. Podemos comprender así verdades universales que rigen el mundo y superar la dualidad víctima/victimario.
Este proceso, ¿cómo se plasma en la terapia Regresiva?
Al sufrir, descubrimos que la energía nos devuelve el dolor generado en otras vidas en forma de bloqueo; entendemos que permitimos que nos traumaticen porque nos sentimos culpables; y, en este juego, aprendemos a transmutar el dolor desde la voluntad autoconsciente, a no transmitírselo al más débil, y así nos humanizamos.

La finalidad de la terapia consiste en eliminar la culpa para que podamos convertirnos en Seres libres de karma y co-crear desde la libertad una nueva realidad.

El ser humano admite una diversidad de lecturas e interpretaciones. Una forma de comprender al ser humano es leerlo como una dualidad (femenino y masculino, emoción y mente, saber recibir y saber dar, víctima y victimario, etc.) que tiene que ser equilibrada porque la integración de los opuestos nos convierte en Seres más completos.
Con la terapia regresiva descubrimos que el “Otro” es una parte tuya que no reconoces, porque nuestros enemigos representan lo que hemos sido en otras vidas o lo que no asumimos de nosotros, nuestra sombra.

Esta dualidad básica la adquirimos a través de la relación que establecimos con nuestros padres, que simbolizan de forma arquetípica las emociones y la mente; si equilibramos estos arquetipos, sanamos los pilares en los que se asienta la vida.

Somos duales en nuestra vida cuando experimentamos conflictos en las relaciones con los Otros; dualidad significa que aún no has entendido que el mundo y los demás son una proyección de ti.

No es real que te consideres un ser equilibrado si la vida cotidiana la vives desde el conflicto.

Somos duales económicamente cuando nos dejamos explotar o abusamos; somos duales emocionalmente cuando la pareja o las relaciones personales son conflictivas; somos duales socialmente cuando carecemos de poder o lo utilizamos para manipular a otros. El equilibrio de esta polaridad es la clave para poder vivir la experiencia del amor incondicional y convertirnos en seres libres.

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